La venganza de Walt

LA VENGANZA DE WALT KOWALSKI

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Aún estupefactos por el resultado, los españoles se preguntan qué ha podido pasar. La respuesta la tiene el único artista verdadero que ha apoyado a Trump: mi admirado Clint Eastwood. Para quienes amamos su cine, la decepción que provoca el apoyo del director al candidato republicano es difícil de superar. Sin embargo cualquiera que conozca el cine de Eastwood encontrará facilmente las claves de la victoria republicana. La clave está en su mejor personaje, la clave está en Walt Kowalski. Americano trabajador, de clase media, sin estudios universitarios. Un tipo que ha perdido completamente su autoestima. Un tipo al que le han arrebatado todo aquello con lo que se identificaba. Su fábrica de automóviles , esa que era el orgullo de América , esa en la que fabricó, con sus manos ese Gran Torino que guarda en su garaje como su más preciado tesoro. El símbolo de esa gran América industrial que ha sido sustituido por esos Toyotas, híbridos,  japoneses, que ni siquiera consumen el petróleo que se produce en Tejas. Un tipo que vive rodeado de inmigrantes a quienes no comprende, de negros en paro que viven de las ayudas sociales, mientras su barrio se va convirtiendo en su sitio extraño e inhóspito. Un barrio en el que el único resto que queda de la gran América que conoció es su jardín. Un pedazo de césped que él vigila sentado en su porche, bebiendo budweiser y con su viejo fusil a mano .Kowalski ha conocido el horror de la guerra, ha echo cosas terribles por su país y sin embargo este parece haberse olvidado de él. Incluso sus hijos y nietos quieren esconderle en un asilo. Es esa América que una vez fue una nación orgullosa, que vivía de su trabajo y que honraba a sus combatientes. Esa América redneck ,que ahora parece rechazada por otra América más próspera y especuladora en vez de trabajadora. Esa América despreciada con aire de superioridad por la nueva que no respeta a esos bárbaros que adoran el Nascar. La América que no se avergüenza de sus veteranos. Es, esa América, la que hoy ha dado la victoria a Trump.
Kowalski opta al final de la película por sacrificarse, por redimir sus culpas y ahogar sus demonios con el sacrificio. En un final épico, una historia de la redención contada a 24 fotógrafas por segundo, Walt se deja matar para acabar con quienes han destrozado su barrio y su modo de vida. Walt deja, en un precioso gesto de amor y comprensión, su reluciente vehículo a esos inmigrantes que hoy son la nueva America.
Sin embargo en esta ocasión Walt se ha comportado como un cobarde. Walt ha encontrado un salvador que le promete revancha. Un tipo con una gorra de béisbol roja que le ha prometido devolverá a un mundo que ya no existe . Un tipo que les ha echo recordar el viejo orgullo patrio. Un cínico que ha encontrado el camino a esos oscuros resortes del ser humano que le hacen apostar por la fantasía frente a la realidad.Trump ha encontrado lo que buscaba en el corazón de Walt: orgullo, miedo y sed de venganza.

Kowalski se avergonzaría de este Walt lo mismo que yo me avergüenzo de un artista al que admiro como narrador, pero desprecio como político