Mariano y los monos de la sabiduria


See no evil, hear no evil, speak no evil

Han pasado ya tres meses y medio desde que los españoles nos dieron el mandato de diálogo y acuerdo que se reflejó en las urnas. Lamentablemente en esta ocasión para bailar el tango hacían falta tres. El trabajo de la política consiste en alcanzar gobiernos estables que reflejen el sentir mayoritario de la población y permitan emprender las reformas que el país necesita y demanda. Es cierto que la campaña electoral, los debates y los cruces de declaraciones entre los dos partidos tradicionales ya hacían prever que sería difícil el acuerdo. Nadie puede negar que Mariano tiene motivos para sentirse ofendido. Todos hemos sido objeto de ataques personales más o menos injustificados. Por no hablar de  los demás y relatar la experiencia propia les resumiré alguno de los cariñosos epítetos con los que varios candidatos se  refirieron a mi persona  durante la pasada campaña: Xenófobo, elitista, egoísta, partidario de la liquidación de la sanidad pública, machista…..eso sin contar con los clásicos neoliberal y  amigo del IBEX 35 ( donde más que acciones solo he tenido omisiones) No cuento en este capítulo las innumerables infamias que cualquier político que se precie sufre a través de las redes y los comentarios de las ediciones electrónicas de los periódicos. Si quieres dedicarte a este oficio tienes que  tener la piel más dura. Así pues la actitud del PP (marcada por el liderazgo de Rajoy) no se puede justificar por las ofensas recibidas. Nosotros nos hemos sentado con todos , incluido Podemos, y les recuerdo que nuestro querido Pablo llamó a nuestro líder,  hace escasamente tres semanas y en sede parlamentaria,  jefe de escuadra y comisario del Konsomol en la misma frase.  Si eres político no puedes hacerte  la dama ofendida. Es como si juegas al rugby y  te llevas enfurruñado el balón a una esquina negándote a jugar porque un contrario te ha mirado mal.
Pero es que , además, no es está la razón del aislamiento del PP. La razón de este comportamiento es que Mariano encontró un día,en un roscón de reyes, el resumen perfecto de su estrategia política: Los monos  de la sabiduría
NO OÍR
Durante esta legislatura ha sido evidente , para cualquiera que tuviera oídos, que surgía un clamor de indignación de la calle. Las plazas, las redes, los cafés…por todas partes se oía el hartazgo de una población sometida a los duros rigores de la crisis y harta de la corrupción y la soberbia de los políticos.  La estrategia del Partido popular se limitó a taparse los oídos. Encerrados en sus despachos insonorizados, limitados a escuchar sus emisoras, parecían tener solamente oídos para Maruhenda. No escuchaban en las colas del supermercado, no oían las conversaciones en los bares, no viajaba  en turista en vagones atestados de gente normal, que trabaja cuando tiene suerte y sueña con tener una semana de vacaciones en Benalmádena. Vivieron insonorizados.
NO VER
Aunque uno fuera sordo al clamor de la calle  si conservasen el sentido de la vista habrían podido leer los análisis preelectorales, las reflexiones de medio orbe sensato que les pedían rectificaciones urgentes.  Habrían podido ver  que los datos indicaban una brecha cada vez mayor de desigualdad, que la recuperación económica se basaba en un trabajo precario y de baja calidad cuyas cotizaciones no consiguen detener la continua bajada del fondo de reserva. Si tuvieran los ojos abiertos habrían podido ver, a través de los cristales tintados, un país cada vez más enfadado. Si se hubiesen quitado las manos de los ojos habrían visto que la clase media les abandonaba harta de mentiras y que  solo les permanecían fieles los designados y los mayores a quienes alimentan con los temores del pasado. Si hubiese sido sido posible tener algo de luz en sus sedes habrían visto los sobres cambiar de mano, habrían visto el tren de vida de sus prebostes, habrían visto un Jaguar donde debería de haber un Volkswagen pero simplemente no querían ver
NO HABLAR
Esta ha sido la última fase del descubrimiento de la sabiduría del roscón. Después de las elecciones y con un resultado que obligaba al acuerdo decidió retirarse y esperar que los demás fracasasen. Su estrategia , no exenta de esa astucia galaica que tanto ama, consiste simplemente en esperar y simular indignación. En un claro ejercicio de propaganda  decidió limitarse a reiterar que había ganado las elecciones, donde solo obtuvo un 28 %  (es decir que tenía en frente al 72% de la población, más del doble de los que le votaron). “Repetir mil veces una mentira la convierte en verdad” sentenció en su día un famoso ministro. En estos días no hemos conseguido de el otra cosa. A nuestro ofrecimiento de reunir equipos de trabajo y avanzar en el acuerdo contesto con una displicente nota de medio folio y 5 enunciados negándose a enviar un equipo negociador. Nada ha importado que la parálisis este perjudicando la economía, la administración y múltiples aspectos de la vida diaria de los españoles. La displicencia y la soberbia con la que ha despachado nuestros intentos hablan por sí solas del alto concepto de sí mismo que tiene un gobernante cuyos resultados no justifican en absoluto su ensimismamiento.
Aún nos quedan dos semanas, aún queda tiempo. Nosotros seguimos esperando y lo que es más importante : los españoles también