Un hombre bueno

imageUNA MAÑANA DE MARZO
En memoria de un hombre bueno. Publicado 15/3/2016 en El Norte de Castilla
Eran las 9 de la mañana del sábado cuando me llamó mi madre para decirme que creía que mi padre estaba muerto. “No madrugues mañana. Descansa” . Fue lo último que le dijo. Se acostó,con su radio conectada a los auriculares, y ya no despertó. No puedo relatarles, ni es mi intención, todo lo que para nosotros ( mi madre, mis 6 hermanos y sus 19 nietos) han supuesto todos estos años a su lado. Sin embargo él no me perdonaría que no les diese las gracias en su nombre. Porque mi padre era un señor, esa cosa tan denostada y tan antigua. Mi padre se levantaba para dejar asiento a las damas sin pararse  a pensar, ni por un momento, que esa actitud quizás violentase las férreas normas de la política de género. Aún recuerdo cómo tuve que sujetarle un día cuando salía de su coche , jubilado ya, en auxilio de una joven agredida por un gañán enfurecido que resultó ser su novio. Durante estos días hemos recibido centenares de mensajes de afecto y respeto que no puedo dejar sin agradecer en su nombre. No me lo perdonaría.
Medico y profesor. Esas fueron sus vocaciones y a ellas dedicó su vida sin descanso. Su despacho, en el que velamos su cuerpo, está rodeado de libros de lomo antiguo. Libros de bioquímica como el Lehninger y el Stryer con los que introdujo a generaciones y generaciones de estudiantes vallisoletanos en los secretos del metabolismo. Esas reacciones químicas que componen la esencia de la vida y que , para algunos, explican todo el ser humano. Libros de Digestivo y patología que consultaba sin cesar para no fallar nunca a sus pacientes.Libros de historia y literatura que llenaron sus días y su intelecto de las aspiraciones más nobles del ser humano.  En un hueco de la biblioteca, un cuadro de Meneses. En diferentes baldas y anaqueles , su colección de pipas. Esa colección  que aún conserva el aroma dulce y penetrante del tabaco de pipa que impregnaba la casa. Sobre  las repisas de la biblioteca de madera oscura que rodea su sancta  santorum, están  las fotos de todos nosotros y la de sus compañeros de departamento en la facultad. Dos sillones de cuero y una mesa de despacho antigua, con su lámpara de cristal verde completan el decorado. Allí recibió a miles de vallisoletanos con sus angustias y sus preocupaciones. Allí les escuchaba y apuntaba sus enfermedades, sus inquietudes y sus temores. Allí , con su bata blanca Inmaculada, su máquina de escribir eléctrica y la mejor de sus sonrisas diluía sus miedos o acompañaba sus sufrimientos. Allí se sentaba a corregir exámenes con una indulgencia franciscana no exenta del rigor afectuoso de un padre. Allí reposo su cuerpo antes de darle sepultura. Reposa hoy junto a sus padres ,sus hermanos y mi prima Luisita, quien se encargará de alegrarles las horas entonando con entusiasmo el “santa barbara bendita”
Durante estas horas hemos recibido el calor de amigos, pacientes y ex alumnos. Un calor que mitiga el frío de su ausencia. El ya no podrá agradecer con una nota manuscrita sus atenciones. El no podrá preguntarles “como están los tuyos”. No podrá halagar , como solía, vuestras virtudes como estudiantes. No podrá sonreírles poniendo una mano sombre el hombro mientras sujeta la pipa con la otra y les hipnotiza con su mirada azul. Por eso quiero , en su nombre y en el de mi familia, agradecerles que hayan llenado su vida de felicidad y afecto. Quiero agradecerles,  sobre todo, que nos hayan acompañado estas horas con el dolor y la esperanza de quienes creemos que esta vida no es un absurdo.

Ayer, mientras salíamos caminando del cementerio del Carmen y con el sol amenazando ya primavera,  le imagine sentado a la orilla del río con su  vieja cazadora de ante, con su caña y su paciencia infinita para deshacer nuestros nudos. Allí nos espera, recostado a la orilla de un río en el que las carpas no se cansan de hundir la boya. Allí ,conversando con sus hermanos y sus amigos, mientras la nube azul de su pipa mezcla el aroma profundo del tabaco con el olor de la primavera florecida. Una primavera que,como la vida de los hombres buenos, es breve pero hermosa. Como dijo el sábado mi madre: “ya nos queda menos para reencontrarnos”

7 pensamientos sobre “Un hombre bueno”

  1. Aunque no le conocía, ni te conozco a ti en persona.
    Maravilloso panegírico en memoria de “un hombre bueno”, como tu describes a tu anhelado padre. “Una buena persona”, creo que es lo mejor que pueden decir de uno con el paso del tiempo.
    Un abrazo

  2. Cuanto amor , estremece como trasmites tantos sentimientos.Estoy segura que esa huella que os ha dejado, os acompañará siempre.

  3. Me has encogido el alma, Paco. Los ex alumnos de tu padre nos unimos a tus palabras: era y será un hombre bueno. Quedan en nuestra memoria todas sus clases, su amor por el comienzo de las cosas y del cuerpo humano que nos explicaba con entusiasmo y nos contagiaba para invitarnos el conocimiento. Aún hoy, sigo trayendo de nuevo a memoria pensamientos suyos. Su calma, su comprensión, su paciencia para volver a explicar otra vez lo incomprensible, ha dejado una huella imborrable al igual que su mirada y su pipa. Q despedida más bonita y difícil para un hombre tan grande.

  4. Qué difícil se hace que nos dejen!! El mundo se nos vuelve más triste y pequeño. Pero aunque hoy no sea consuelo los grandes hombres, los hombres buenos no se van . Se quedan contigo, en tu memoria; su recuerdo se vuelve más nítido y dulce con el tiempo y viven mientras haya quien los recuerde.

  5. Que bello relato que has hecho de tu padre!! Hace muchos, pero muchos años que no veía a tu padre pero siemore he guardado en el corazón su recuerdo y hoy me has hecho revivir aquellos momentos del cierre de la Facultad de Medicina de Valladolid en febrero de 1975. Yo cursaba mi primer año de medicina y tras los primeros días de desconcierto por tal medida, tu padre nos abrío las puerta de su casa para darnos clases de bioquímica a un grupo de estudiantes para que pudieramos avanzar en la materia y presentarnos al examen final. Recuerdo esa época con gran ternura. La generosidad y entrega de tu padre fué enorme. Le estoy muy agradecida y nunca olvidare su dulce mirada!!

  6. Nos hemos enterado ahora mismo de esta triste noticia. Me da envidia sana leer esta carta tan hermosa, que don poder trasmitir así los sentimientos !!!. Le enviamos, mi madre y yo, nuestro sentido pésame. Un saludo.

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